El trueno que sigue al rayo, historia del clubbing

El libro El trueno que sigue al rayo es un importante trozo de la historia vivida por una nada desdeñable parte de la juventud española entre los 90 y los 00.

Estamos acostumbrados a ver publicados numerosos libros que versan sobre diversos movimientos sociales, culturales y musicales allende nuestras fronteras. Algo que desciende sin duda si nos limitamos a España y que se convierte en casi insignificante si nos centramos únicamente en música electrónica. Cualquier profano en la materia podría tildarlo de “normal”. Pero, ¿qué queréis que os diga? Tiene infinitamente más sentido que en nuestro país se escriban libros sobre el calado de la música electrónica en la sociedad y nuestro aporte a la misma que por ejemplo sobre el grunge o el rock psicodélico. Nuestra contribución al desarrollo de la música electrónica es indiscutible. 

Si Valencia fue cuna de un movimiento underground nunca antes visto, Ibiza fue el trampolín que catapultó ese concepto al mundo. No lo digo yo, lo dicen algunas de las figuras más acreditadas de la escena internacional. Precursores como Peter Hook de New Order, por citar solo uno, señalaron Valencia como el germen de la cultura de club. Aquella que se extendió como la pólvora por la vieja Europa a finales de los 80 y principios de los 90. O, hablando de Ibiza, si Paul Oakenfold o Danny Rampling no hubiesen veraneado en Ibiza en el 88 y alucinado con Dj Alfredo, la escena Rave británica tal vez no hubiese existido. El “segundo verano del amor” se desarrolló en España.

Crítica de El trueno que sigue al rayo

La música de baile en España tras la caída de La Ruta del Bacalao

Pues bien, si fuimos cabeza de león al final de los 80, no pudimos pasar a ser cola de ratón desde mitad de los 90. Ni mucho menos. El trueno que sigue al rayo viene para ahondar en todo aquello que pasó en España desde la caída de La Ruta del Bacalao. Invisibilizado en algunos casos, denostado por los medios de comunicación, o señalado como el culpable de qué sé yo cuántas oscuras cosas tras la resaca de los últimos coletazos valencianos. Pero desde luego, grande, gigante, expandido, ramificado y desarrollado a lo largo y ancho de toda la Península Ibérica

Lo que en un momento estuvo focalizado en dos puntos de nuestra geografía, de pronto se convirtió en un fenómeno nacional. Cada provincia, ciudad, pueblo, quiso ser parte del movimiento contracultural que se convirtió en masivo para la juventud que vivió los 90 y los 00.  Pedro José de Mariblanca ha sacado el pegamento, ha rescatado todas las piezas y, en una tarea titánica, ha tratado de pegarlas todas. Y lo ha hecho sobre un lienzo que dé sentido y cordura al relato de nuestro mayor fenómeno musical de los últimos años.

España retratada como lo que fue: un abanico diverso de música electrónica

Tratar de encajar todas las piezas de este enorme puzle no es tarea fácil. Es muy importante ser conscientes de que la diversidad española también lo fue en lo que a música electrónica se trataba. Y si ahora tendemos a la globalización y a la estandarización, no sucedía así en los 90. Momento en el que surgieron tantas escenas diferentes como comunidades autónomas tiene el país. Dar cohesión a un relato en el que surgen escenas tan dispares como la del Break Beat en Andalucía, el Techno astur o la Makina en Cataluña no es baladí. 

Basándose en decenas de entrevistas con algunos de los protagonistas de la historia, en citas de otras obras y en cientos y cientos de horas de buceo por las profundidades de internet, Pedro ha salido triunfante de una labor que no solo nos aporta entretenimiento, sino que se hacía totalmente necesaria. Es ahora, con gran parte de los precursores aún vivos, que es de obligado cumplimiento dejar por escrito este pasaje de nuestra historia social y musical. Un pasaje que formó parte indispensable de miles de jóvenes en España y que cambió para siempre el ocio en nuestro país.

Imagen @DjValen Artículo El País

La batalla no es sencilla y, como toda, deja sus víctimas, en este caso en forma de ausencias de figuras o escenas clave. Pero quién podría hacer una obra así, en la que apenas hay documentación previa, sin dejarse algo por el camino. De hecho, el autor es consciente de ello. Y así lo expresa en las páginas del libro, señalando que se trata de una obra en desarrollo, que desea expandir en una próxima edición. Aún con toda esta dificultad, hay partes de “El trueno que sigue al rayo” que visibilizan, con increíble lujo de detalles, a escenas o colectivos verdaderamente rebuscados y underground. Y, como casi todo en esta vida, la obra no carece de cierta subjetividad, la cual será bien acogida por unos y molesta para otros. Pero, ¡amigos! estamos hablando de música, quien sea 100% objetivo con ella que dé un paso al frente.

En resumen, “El trueno que sigue al rayo es ante todo necesario. Es (por fin) una obra que dejará registrado para la posteridad un capítulo de nuestra vida que nos toca a muchos. En él aparecen salas, festivales, Djs o tracks sin los que no seríamos los mismos. Esos espacios en el tiempo, esos pequeños o grandes recuerdos que en algunos momentos han sido como magia para nosotros. La magia de la música electrónica.

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