Vivimos obsesionados con medir lo intangible. En esta era del algoritmo rey, parece que si una experiencia no se traduce en un gráfico de barras o en una puntuación del uno al cinco, sencillamente no ha existido.
Texto: Fernando Fuentes
El último síntoma de esta enfermedad del dato ha sido el amago de Seen Live, esa aplicación nacida con la pretensión de convertirse en el “Letterboxd de la noche”. Pretendían que el personal saliera de la pista de baile directo a desenfundar el teléfono para calificar la sesión del DJ de turno. Afortunadamente, la comunidad electrónica ha plantado cara y los creadores han tenido que recular. Prometiendo extirpar la función de puntuación antes de que la sangre llegara al río.
“Queremos “KPI-ificar” el sudor, el hedonismo y la catarsis”.
El intento, sin embargo, deja al descubierto una alarmante inercia cultural. Queremos “KPI-ificar” el sudor, el hedonismo y la catarsis. Convertir un club -espacio que por definición nació para el escapismo, la libertad y la pérdida de control- en una fría extensión de la oficina, donde el artista se somete a una evaluación de desempeño digital.
“El verdadero drama es el miedo que inoculan en la cabina”.
A nuestro periodismo musical de cabecera siempre le ha costado encontrar diferencias entre algunos DJs y un florero, pero pretender que el público solucione el criterio artístico a base de review-bombing o resentimiento digital es un tiro en el pie a la propia cultura clubbing.
El peligro de estas herramientas no es solo que abran la puerta a campañas de desprestigio ejecutadas desde el sofá por perfiles falsos. El verdadero drama es el miedo que inoculan en la cabina. Si el DJ sabe que su sesión va a ser sometida al escrutinio implacable de un tribunal de pulgares arriba y pulgares abajo, dejará de arriesgar.
“Adiós a la pista como laboratorio de vanguardia; hola al sota, caballo y rey musical para asegurar la nota media”.
Uno no va al museo a mirar un cuadro y siente la pulsión inmediata de plantarle tres estrellas en una pantalla. El arte te atraviesa, te incomoda o te hace bailar hasta que te duelan las piernas. Las experiencias humanas se guardan en la memoria, no en los servidores de una startup tecnológica.
Dejemos que la música electrónica siga perteneciendo a la penumbra de los clubes, y mantengamos los decimales y los promedios bien lejos de las pistas de baile. Venga.


