La fría deriva virtual de Charlotte de Witte

Texto: Fernando Fuentes

Nos lo han vuelto a poner sobre la mesa en plena resaca otoñal y a uno se le queda el cuerpo con esa extraña sensación de quien contempla un accidente a cámara lenta. La infalible reina del techno belga, Charlotte de Witte, ha sacudido las estructuras de su clubbing impecable al anunciar una entente cordiale con NAVA, un ente vocal que no respira, no suda, ni padece: una artista de Inteligencia Artificial (IA).

Las muestras ya resonaron en el búnker sónico de Tomorrowland, pero ha sido su formalización en redes lo que ha levantado una polvareda de escepticismo que ni el mejor sistema de sonido logra mitigar.

Intentar explicar la música electrónica a través de líneas de código es como intentar explicar por qué te enamoraste de aquella persona que te destrozó la vida: una pérdida de tiempo tan hermosa como estéril.

“Sustituir el factor humano por un renderizado algorítmico se siente como una renuncia”.

El techno, desde sus cimientos underground, siempre ha sido un laboratorio donde el cableado eléctrico se ponía al servicio del pulso cardíaco.

“Sin embargo, cuando la máquina deja de ser el instrumento para convertirse en el creador simulado, el ecosistema cruje”.

En los comentarios de Instagram, el veredicto del respetable ha sido unánime y afilado: “Si la IA es tu nuevo rumbo, me bajo”. No es simple pataleta nostálgica. Es el miedo legítimo a que nos cambien el sudor de la pista por el zumbido de una sala de servidores.

“El asunto adquiere tintes más espinosos cuando se le intenta dotar de una pátina de redención geopolítica”.

Voces afines a la artista se han apresurado a defender que NAVA es, en realidad, un hermoso avatar conceptual para dar altavoz a las mujeres iraníes, sistemáticamente silenciadas por la represión de su régimen. El folclore y la poesía persa sobre el escenario principal del planeta como declaración de libertad. Suena idílico, casi romántico.

Pero la contrarréplica de la pista cae por su propio peso conceptual: si el objetivo es la visibilización y el compromiso real, ¿por qué no abrirle la cabina y el micrófono a una intérprete iraní de carne, hueso y alma?

“La deriva actual de la escena nos sitúa en una encrucijada incómoda”

La tecnología avanza a golpe de síncopa y negarla a estas alturas sería de una ingenuidad supina. Pero en un circuito saturado de hypes y fuegos de artificio digitales, sustituir el factor humano por un renderizado algorítmico se siente como una renuncia.

“Queda por ver si este movimiento de De Witte es solo un globo de sonda o el síntoma de un invierno artístico automatizado”.

Mientras tanto, nos queda el refugio de los que siguen creyendo que el clubbing es, ante todo, un acto de fe estrictamente humano. Está pasando.

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