Marta Arrufat y Víctor Dols, socios y responsables de La Clandestina, analizan la construcción de un circuito nómada que antepone el sonido, la experiencia y la cultura de club a la acumulación de nombres. Tras sus exitosas paradas en Sevilla y Madrid, el proyecto regresa el viernes 14 de agosto de 2026 a La Santa, en Benicàssim, con Avis Vox en directo, Paraframe en formato DJ set y una sólida representación local encabezada por Daniel Mube, Kaenea y Loryrocks.
En una escena saturada de eventos que compiten por tamaño, alcance y velocidad, La Clandestina ha optado por otra escala. Su propuesta no se construye desde el volumen de público ni desde una carrera por reunir el cartel más reconocible, sino desde la coherencia entre espacio, sonido, iluminación, selección artística e identidad visual.
Al frente del proyecto se encuentran Marta Arrufat y Víctor Dols, dos promotores formados en la cultura electrónica de Castellón y Benicàssim que entienden la pista como un espacio de encuentro, no como un simple punto de consumo. Su experiencia les ha permitido desarrollar un circuito itinerante capaz de desplazarse entre ciudades sin perder personalidad.
La próxima parada tendrá lugar en La Santa, donde La Clandestina celebrará una edición que conecta talento internacional, residentes y escena local. Hablamos con sus responsables sobre la figura del promotor, el valor del detalle y la posibilidad de construir una marca reconocible sin renunciar al espíritu underground.
En un momento en el que cada fin de semana nace un nuevo evento de electrónica, ¿por qué hacía falta La Clandestina?

Marta Arrufat: Porque no queríamos organizar una fiesta más, sino construir una marca con una personalidad reconocible. Casi todo lo que estaba creciendo avanzaba hacia el mismo lugar: más aforo, más cartel y menos noche.
Nosotros venimos de la cultura de club, donde importa quién está a tu lado y no cuántas personas hay alrededor. La Clandestina nace para demostrar que la electrónica también puede tener criterio, cuidado e identidad propia.
«No queríamos hacer una fiesta más: queríamos construir una marca con personalidad reconocible».
El nombre da que pensar. ¿La idea de “clandestina” está relacionada con localizaciones secretas?
Víctor Dols: No, y conviene aclararlo. Nuestras localizaciones son públicas y las elegimos precisamente porque están adaptadas, suenan bien y permiten que la gente esté cómoda.
Lo clandestino es una actitud, no un escondite. Consiste en buscar lo que no está necesariamente en el escaparate: artistas, espacios y personas que comparten una sensibilidad. Más que un nombre, es una forma de escuchar.
Habláis mucho de identidad. ¿Qué significa eso en la práctica, más allá del discurso?
Marta Arrufat: Que cada decisión tiene un porqué: el espacio, el sonido, la luz, la comunicación y el cartel.
Nuestros carteles son obras originales de Jesús de Miguel, pintor afincado en Ibiza. No utilizamos una plantilla a la que simplemente se le cambia el nombre del artista. Cada edición tiene una pieza irrepetible que la gente puede conservar.
Llevamos once ediciones y once obras distintas. Esa es la diferencia entre decir que cuidas la identidad y demostrarlo.
Desde vuestra experiencia como promotores, ¿qué echabais de menos en la escena actual?
Víctor Dols: El cuidado por los detalles y la figura del residente. El auge del festival ha convertido al DJ en cabeza de cartel y ha ido borrando al selector que construye una noche completa y conoce a su público.
Nosotros programamos principalmente Indie Dance y Dark Disco, y trabajamos con residentes vinculados al circuito. Un cartel puede ser un titular, pero una noche es un trabajo mucho más complejo.
¿Qué pesa más en vuestra programación: los grandes nombres o la experiencia global?
Marta Arrufat: La experiencia, sin duda. Un gran artista importa, pero una gran noche depende de muchas cosas funcionando al mismo tiempo.
Nuestras ediciones de Sevilla y Madrid fueron un éxito, y no fue únicamente por contar con el nombre más grande posible. La gente vuelve por cómo sonó la sala, por el momento exacto en el que entró un tema, por la atmósfera o por las personas con las que se encontró.
Eso no cabe en un cartel. Queremos que recuerden cómo se sintieron, no solamente quién actuó.
«Queremos que recuerden cómo se sintieron, no solo quién actuó».
El 14 de agosto contáis con Avis Vox y Paraframe. ¿Qué buscáis en artistas de ese perfil?

Víctor Dols: Buscamos músicos, no solamente DJs. Ambos lo son, aunque cada uno presenta un formato diferente: Avis Vox llega con su directo y Paraframe con un DJ set.
Avis Vox es una de las figuras destacadas del techno melódico. Paraframe es productor y también director de cine, y eso se percibe en la manera en que construye sus sesiones: piensa en escenas, no únicamente en tracks.
Los dos podrían actuar en cualquier parte. A nosotros nos interesa que exista una obra y una visión detrás. Si programáramos exclusivamente por número de oyentes, acabaríamos sonando igual que los demás.
«Buscamos músicos, no solo DJs».
Definís La Clandestina como electrónica premium. ¿Qué significa exactamente?
Marta Arrufat: Significa que lo primero es el sonido. Antes de mirar un cartel, estudiamos la sala: cómo responde, si está bien acondicionada y si la gente podrá estar cómoda.
Después viene todo lo demás: aforo controlado, iluminación e imagen cuidada. Premium no es una etiqueta de precio, sino conseguir que nada chirríe. Si el sonido no está a la altura, no hacemos la fiesta.
«Si el sonido no está a la altura, no hacemos la fiesta».
¿No resulta contradictorio utilizar al mismo tiempo los conceptos underground y premium?
Víctor Dols: Es una pregunta justa, y nosotros también nos la hacemos. Premium no significa elitista. Significa que el sistema suene bien, que la sala no esté saturada, que la iluminación acompañe y que nadie tenga que pasar la noche recibiendo empujones.
Eso no es lujo, sino respeto por quien ha pagado una entrada. Cuidar el sonido nunca ha estado reñido con lo underground.
¿Qué papel ocupa la cultura de club dentro del proyecto?

Marta Arrufat: Lo ocupa todo. El club lleva décadas funcionando como refugio, como un espacio al que la gente acude para encontrarse y también para desaparecer durante unas horas.
Nosotros no hemos inventado nada. Intentamos estar a la altura de esa tradición. Por eso hablamos de comunidad y de comunión en la pista, no de “público asistente”.
Sois de Castellón. ¿Cuánto pesa el territorio en la identidad de La Clandestina?
Víctor Dols: Todo. Somos de Benicàssim, de Castellón, y nos hemos educado con la electrónica de esta tierra, que lleva décadas siendo una referencia dentro del país.
Aquí hay músicos y DJs extraordinarios. Por eso en cada edición de La Clandestina aparecen artistas locales. No es un gesto simbólico, sino una condición del proyecto.
El 14 de agosto estarán Daniel Mube, Kaenea y Loryrocks. No aparecen como relleno: forman parte del cartel porque tienen calidad y representan la escena de la que venimos.
«Sin escena local no hay La Clandestina».
La Clandestina funciona como un circuito nómada. ¿Cómo elegís cada espacio?
Marta Arrufat: Lo primero es que suene bien y esté adaptado. Eso no es negociable. Después buscamos sentirnos cómodos y encontrar una relación natural con el espacio y con quienes lo gestionan.
Volvemos siempre a los lugares donde nos hemos sentido en casa. Benicàssim es la nuestra, pero Madrid y Sevilla ya lo son también.
Un circuito se construye con carretera, pero también con casas.
Después de la edición del 14 de agosto, ¿qué viene para el proyecto?
Víctor Dols: Existen muchas posibilidades de repetir en Madrid, y es algo que queremos hacer. También estamos buscando nuevas plazas en otras ciudades. Miramos hacia el norte y queremos regresar al sur.
No tenemos prisa. Preferimos tardar y encontrar el espacio adecuado antes que forzar una fecha en un lugar que no reúna las condiciones necesarias.
¿Qué queréis que sienta una persona cuando salga de una noche de La Clandestina?
Marta Arrufat: Que ha vivido algo especial, algo que no se puede explicar del todo.
La prueba de que una edición ha funcionado no es que alguien diga que fue bonita. Es que al día siguiente ya esté buscando cuándo se celebra la siguiente.
¿Dónde os gustaría ver La Clandestina dentro de cinco años?
Víctor Dols: Nos gustaría que el nombre fuera suficiente. Que una persona leyera La Clandestina y supiera qué puede sonar y cómo se va a sentir, independientemente de la ciudad en la que se celebre.
Y que siga siendo la misma comunidad, aunque seamos más.
Si tuvierais que definir el proyecto en tres palabras, ¿cuáles serían?
Marta Arrufat: Identidad, criterio y comunidad.
Creemos que la electrónica puede ser sofisticada sin perder autenticidad. Lo contrario del buen gusto no es lo underground, sino la falta de criterio. Y nada de esto existiría sin la gente que regresa.
Por último, ¿qué mensaje enviaríais a quienes quieran vivir por primera vez una noche de La Clandestina?
Víctor Dols: El 14 de agosto os esperamos en La Santa, en Benicàssim. Tendremos aforo controlado, cinco propuestas musicales y una noche que no volverá a repetirse exactamente de la misma forma.
A quien venga por primera vez le diría: no vengáis solamente a ver a alguien; venid a quedaros.

LA CLANDESTINA EXPERIENCE
Fecha: Viernes, 14 de agosto de 2026
Lugar: La Santa, Benicàssim (Ubicación en Google Maps)
Avis Vox // Paraframe // Kaenea // Loryrocks // Daniel Mube
Página de eventos de La Clandestina
Instagram de La Clandestina Experience


