Nos encontramos con Bernard Habis, director del festival tinerfeño, que nos habla del esperado regreso de un evento diferente, multidisciplinar y sostenible que pone, de nuevo, a Canarias bajo el foco del mejor clubbing mundial.
Texto: Fernando Fuentes
Eólica fue pionero absoluto en 2003 al meter el clubbing en una catedral de aerogeneradores. Tras más de una década de silencio absoluto, el personal-tech ha cambiado y la nostalgia es un arma de doble filo. ¿Cómo se resucita un festival mítico sin caer en el mero ejercicio de melancolía, logrando que el discurso de 2026 suene realmente contemporáneo?
Eólica no vuelve para reproducir lo que hicimos en 2003. Si ese fuera el objetivo, estaríamos haciendo un ejercicio de nostalgia y probablemente no tendría demasiado sentido.
“Eólica vuelve porque aquello que planteábamos entonces: la unión entre música, tecnología, energía y sostenibilidad hoy tiene más vigencia que nunca”.
En 2003 éramos pioneros casi sin proponérnoslo. Había que explicar por qué tenía sentido hacer electrónica en un entorno como el ITER y hablar de energías renovables cuando todavía no formaban parte del discurso cotidiano. Hoy el contexto es completamente diferente. El mundo ha cambiado y la industria musical también.
¿Cuál es el verdadero reto en este 2026?
Coger aquella esencia y llevarla al presente. El paisaje sigue siendo el mismo, los aerogeneradores siguen ahí y la emoción de bailar en ese lugar sigue intacta, pero todo lo demás tiene que evolucionar: la producción, la tecnología, la experiencia del público, la sostenibilidad y, por supuesto, la música. No queremos que alguien venga a Eólica para recordar cómo era Eólica. Queremos que alguien que nunca estuvo en una edición anterior salga pensando que acaba de descubrir algo que no había vivido antes.
Celebrar el festival en el corazón del Instituto Tecnológico y de Energías Renovables es una bendición estética. Sin embargo, huelga decir que montar un evento masivo ahí es logísticamente un dolor de cabeza. ¿Cómo va a blindar la producción técnica del festival para que el ITER sea un agente activo de suministro 100% limpio y no un mero ‘greenwashing’ o fondo de foto para Instagram?
Para nosotros el ITER no es un escenario espectacular al que hemos añadido un festival. Es justo al contrario: el festival nace de ese lugar. El ITER es parte de la identidad de Eólica y tiene que ser un agente activo dentro del proyecto.
Precisamente por eso la sostenibilidad no puede limitarse a colocar unos mensajes verdes o a utilizar el paisaje como fondo para las fotografías.
“La sostenibilidad tiene que estar en la forma en que producimos el festival, en cómo utilizamos la energía, en la movilidad, en los materiales, en los residuos y en las decisiones que tomamos durante todo el proceso”.
Después de todos estos años trabajando desde Eslógica en la sostenibilidad de eventos, tenemos muy claro que no existe un festival sostenible porque lo diga su comunicación. Existe cuando las decisiones de producción están alineadas con ese discurso. Y además tenemos una ventaja extraordinaria: estamos haciendo Eólica en uno de los lugares que mejor representa precisamente aquello de lo que estamos hablando. Sería absurdo no aprovecharlo.

Tradicionalmente, los grandes nombres internacionales canibalizan los horarios nobles. Hay una amplísima representación de proyectos de las Islas Canarias en el programa. ¿Van a compartir protagonismo real y acústico en los slots principales, o se les relegará a abrir los escenarios cuando el sol todavía castiga el sur de Tenerife?
Para nosotros la escena canaria no puede ser simplemente una cuota local que hay que cubrir en un cartel internacional. Si Eólica quiere hablar de identidad, tiene que empezar por reconocer el enorme talento que existe en Canarias.
“El cartel de este año ya lo refleja: un 52% de los artistas son locales frente a un 48% de artistas extranjeros”.
Hay artistas, productores y DJs de las islas con un conocimiento profundo de la pista. Ese km 0 real que se nota cuando alguien conoce el público, el clima y la energía de aquí— y con propuestas perfectamente capaces de convivir con artistas internacionales en los mismos horarios nobles. Queremos que el público que venga de fuera descubra también esa escena.
Es verdad que muchas veces el horario de un artista internacional no depende solo de nosotros como promotores: hay agencias, riders, disponibilidad de vuelos y otras fechas de gira que condicionan esa franja horaria antes de que nosotros podamos decidir nada. No siempre es una elección artística del festival, sino una negociación con muchas partes implicadas. Y hay algo importante: programar talento local no significa hacerlo por obligación ni como gesto institucional. Significa hacerlo porque musicalmente tiene sentido, y los números de este año lo demuestran.
“Eólica está en Canarias, y eso tiene que escucharse”.
No queremos construir un festival internacional que podría celebrarse en cualquier lugar del mundo. Queremos que alguien que venga desde Madrid, Berlín, Londres o cualquier otro sitio pueda identificar que está viviendo una experiencia que solo puede suceder aquí.
El público del clubbing europeo padece cierta saturación de macrofestivales impersonales. Eólica propone ir más allá de los escenarios con instalaciones artísticas, charlas y las Viviendas Bioclimáticas ¿De qué manera va a propiciar que el asistente deje de bailar un rato para meterse a un taller científico sin romper el groove y el ritmo mental de las dos jornadas?
Creo que uno de los grandes problemas de algunos macrofestivales actuales es que todo está diseñado para que el público permanezca dentro de una lógica muy determinada: escenario, artista, móvil, bebida, siguiente escenario. Eólica tiene la oportunidad de romper un poco esa dinámica.
“La programación paralela no está pensada para competir con la música, sino para ampliar la experiencia”.
La programación paralela no está pensada para competir con la música, sino para ampliar la experiencia. Queremos que puedas estar bailando y, en un momento determinado, sentir curiosidad por algo que está sucediendo a unos metros: una instalación, una experiencia científica, una propuesta relacionada con la innovación, una actividad vinculada a la sostenibilidad o simplemente algo que te invite a descubrir el espacio. El objetivo no es decirle a nadie: “deja de bailar y ven a aprender”. Eso sería exactamente lo contrario de lo que queremos. Queremos generar curiosidad.
“Eólica tiene que funcionar como una experiencia de descubrimiento continuo”.
Puedes venir por la música y terminar hablando de energía, tecnología, arte o ciencia. O puedes venir interesado por todo eso y acabar descubriendo a un artista que no conocías.

Mantener el Greener Festival Award exige un control obsesivo de los residuos y la movilidad. Al mismo tiempo, el festival se sostiene gracias al apoyo institucional y de marcas potentes. ¿Cómo se gestionan esas presiones comerciales para que el patrocinio sume sin pervertir la ética de residuo cero del festival?
El patrocinio tiene sentido cuando existe una relación natural entre la marca, el proyecto y los valores del festival. Lo que no queremos es que una marca aparezca simplemente porque ha comprado un espacio dentro del recinto.
“Para nosotros una alianza debe aportar algo al festival y, al mismo tiempo, debe ser coherente con aquello que estamos defendiendo”.
La sostenibilidad no puede ser una moneda de cambio. No vamos a decir que algo es sostenible porque exista un patrocinador detrás. Primero tomamos las decisiones desde los criterios que consideramos adecuados y después buscamos partners capaces de acompañarnos en ese camino.
Conviene aclarar también los tiempos, porque a veces se da por hecho que es un reconocimiento reciente: el Greener Festival Award lo obtuvimos en 2009. Desde 2022 trabajamos con Eventsost para la gestión y medición de nuestro impacto ambiental, y este año Eólica está trabajando activamente para volver a optar a ese galardón. No partimos de cero: partimos de una trayectoria.
“Eólica tiene que ser exigente consigo misma”.
Además, tenemos una experiencia importante detrás. Desde Eslógica llevamos años trabajando con festivales y eventos y sabemos que la sostenibilidad real implica tomar decisiones que afectan a producción, proveedores, movilidad, materiales, energía y residuos. No es una etiqueta. Eólica tiene que ser exigente consigo misma. Si hablamos de sostenibilidad, tenemos que estar preparados para medirla y demostrarla.
Hoy en día, muchos festivales parecen clones unos de otros, programando los mismos sospechosos habituales del circuito internacional. ¿Cuál es la huella de autor digital que pretende imprimir en la comunicación de Eólica para convencer al clubber militante de Berlín o Madrid de que este festival solo puede tener sentido ocurriendo aquí, en este rincón del Atlántico?
La pregunta que nos hacemos constantemente es muy sencilla: ¿por qué alguien que vive en Berlín o Madrid debería coger un avión y venir a Eólica? La respuesta no puede ser únicamente el cartel. Porque si el cartel fuera lo único importante, estaríamos compitiendo en un terreno donde muchos festivales tienen presupuestos enormes y donde es muy fácil acabar programando los mismos nombres.
“Nuestra identidad está en la suma de muchas cosas: el paisaje, el ITER, la música, la energía, la ciencia, Canarias, el clima, la cultura y esa sensación de estar bailando en un lugar que no parece diseñado para un festival”.
Y eso también tiene que trasladarse a la comunicación digital.
No queremos construir una imagen artificial de Eólica. Queremos enseñar lo que realmente somos. Los molinos, el paisaje, los artistas, la gente, la arquitectura del ITER, las experiencias, la música. La mejor campaña de Eólica será conseguir que alguien vea una imagen del festival y piense: “¿Dónde demonios es eso? Yo quiero estar ahí”.

Juntar en un mismo fin de semana a tótems del groove y el coleccionismo como Danilo Plessow (Motor City Drum Ensemble), Hunee y los infalibles Horse Meat Disco es una declaración de intenciones. ¿Cómo se diseña el orden y el ritmo de los escenarios para que estas enciclopedias andantes del house y el disco no queden como un reducto de nostalgia, sino como el motor de baile que conecte con las nuevas generaciones que devoran ritmos a otra velocidad?
Una de las cosas que más nos interesaba del cartel era precisamente no caer en la obsesión por la novedad permanente. La electrónica tiene una historia enorme y algunos de los artistas que mejor entienden esa historia siguen siendo absolutamente contemporáneos.
“Danilo Plessow, Hunee o Horse Meat Disco no están ahí para representar el pasado. Están ahí porque siguen entendiendo algo fundamental: la pista es una conversación”.
El reto de la programación es construir un viaje. No queremos pensar solamente en quién toca antes y quién toca después, sino en cómo evoluciona la energía de una jornada completa. Y creo que ahí está también una de las claves para conectar generaciones. Un público joven no necesita que le expliques que algo es histórico. Si la música funciona, funciona. Cuando alguien que tiene 22 años baila con un artista que lleva décadas construyendo cultura de club, la transmisión se produce de forma natural. Eso es lo bonito de la electrónica.
El pulso a la vanguardia y el activismo. La inclusión de Sama’ Abdulhadi aporta no solo techno crudo y sin concesiones, sino también una carga de narrativa política y cultural brutal. ¿Se busca con su contratación sacudir los cimientos de la pista y recuperar el techno como espacio de resistencia?
Sama’ Abdulhadi representa perfectamente esa capacidad que tiene la electrónica para ser mucho más que entretenimiento. Pero tampoco queremos instrumentalizar su historia ni utilizar su presencia para construir un discurso político artificial alrededor del festival. Lo interesante es precisamente que la música ya tiene esa capacidad de generar conversación y de conectar realidades diferentes.
“Sama’ Abdulhadi representa perfectamente esa capacidad que tiene la electrónica para ser mucho más que entretenimiento”.
El techno nació en buena medida como una música de ruptura, de comunidad y de transformación. Esa dimensión sigue existiendo.
Para nosotros, programar artistas con personalidad y con algo que decir forma parte de la identidad de Eólica. No queremos una pista políticamente correcta y musicalmente previsible. Queremos una pista libre, abierta, diversa y capaz de generar emociones.

El directo melódico como clímax. Los directos de WhoMadeWho y Âme Live son experiencias casi religiosas por su madurez instrumental y su electrónica de autor. En una época donde el público a veces parece preferir la inmediatez de un DJ pinchando bangers rápidos, ¿cómo va a blindar sonoramente estos formatos live para que mantengan su atmósfera y sutileza en un entorno abierto, masivo y azotado por el viento como el ITER?
Los formatos live tienen algo que nos interesa muchísimo: permiten que el público entre en la música de otra manera. WhoMadeWho y Âme Live son dos ejemplos extraordinarios de artistas que entienden la electrónica como una experiencia musical completa y no simplemente como una sucesión de tracks.
“En un festival masivo existe siempre el riesgo de que todo termine convertido en una competición por el impacto inmediato. Nosotros queremos evitar eso”.
La producción tiene que estar al servicio del artista y de la experiencia. El sonido, la iluminación y el escenario tienen que permitir que una propuesta más atmosférica conserve su profundidad. Y el ITER, curiosamente, puede ayudarnos mucho en eso. Es un espacio con una personalidad tan fuerte que no necesita que la producción lo tape. Al contrario: tenemos que aprender a dialogar con él.
Nombres como TSHA representan la frescura y la renovación del sonido de club del Reino Unido. Al diseñar el cartel, ¿qué peso real se le dio a la búsqueda de estos nuevos liderazgos de la electrónica global frente a los “sospechosos habituales” que saturan las programaciones estivales europeas?
Cuando diseñamos el cartel queríamos precisamente encontrar un equilibrio entre artistas que tienen una trayectoria consolidada y nombres que representan hacia dónde está evolucionando la música electrónica. TSHA es un buen ejemplo.
“No queremos hacer un cartel basado exclusivamente en nombres conocidos. Queremos que haya artistas que estén construyendo el presente y, sobre todo, el futuro de la escena”.
Para mí un buen cartel no es aquel en el que reconoces el 100 % de los nombres. Es aquel que te hace descubrir cinco o seis artistas que después vas a seguir escuchando durante meses.
Eso es algo que también queremos recuperar en Eólica: la curiosidad musical.

Contar con selectoras infalibles de la finura de Paula Tape o Dee Diggs demuestra que el festival premia la psicología de pista y el criterio musical. ¿Qué directrices de producción artística se les darán para que tengan la libertad de arriesgar en sus sets en lugar de verse encasilladas en formatos cortos y predecibles de hora y media?
Paula Tape o Dee Diggs representan una manera de entender la sesión que tiene muchísimo que ver con la filosofía de Eólica. Un buen DJ no debería estar condicionado por una fórmula rígida de hora y media en la que necesariamente tiene que llegar a un determinado momento de intensidad. Queremos que los artistas puedan construir sus sesiones.
“La pista necesita espacio para respirar, para cambiar de dirección, para sorprender”.
Y eso requiere confianza. Nuestro trabajo como organización es proporcionar las condiciones para que el artista pueda hacer aquello para lo que le hemos contratado: expresarse musicalmente.
Si llamamos a alguien por su criterio, después tenemos que dejarle utilizarlo.
La alianza mística de Eris Drew y Octo Octa. Su presencia en el line-up garantiza curación musical de primer nivel, vinilos y una energía comunitaria inigualable. ¿Cómo se va a traducir esa filosofía de la pista como espacio seguro, inclusivo y místico —que ellas abanderan— en la gestión de las zonas de baile y el ambiente general del recinto de Granadilla?
La pista de baile debería ser uno de los lugares donde más libre puede sentirse una persona. Eso implica crear espacios donde exista respeto, diversidad y libertad, y donde nadie tenga que justificar quién es, cómo baila o qué música le gusta.
“La filosofía de Eris Drew y Octo Octa conecta mucho con esa idea comunitaria de la cultura de club”.
Y esa mirada también está presente en cómo hemos construido el cartel de Eólica. Hemos querido que la diversidad no sea solamente un discurso, sino que tenga una traducción real en la programación. El viernes 16 tendremos, de hecho, un escenario íntegramente protagonizado por mujeres, y el conjunto del cartel alcanza un 43 % de artistas mujeres frente a un 57 % de hombres. Para nosotros es una forma natural de entender la escena actual y de reconocer el enorme talento femenino que existe en la electrónica.
“Nos interesa que Eólica sea un lugar donde la gente pueda venir a bailar, pero también a encontrarse con otras personas, descubrir música y sentirse parte de algo”.
Y eso no se consigue únicamente con una norma escrita en un cartel. Tiene que formar parte del ambiente general del festival, de los equipos, de la atención al público y de cómo diseñamos los espacios. Una buena pista de baile tiene una energía que se nota inmediatamente. Eso es lo que queremos conseguir.

El día después. Cuando el domingo 18 de octubre los sistemas de sonido se apaguen y los aerogeneradores vuelvan a su rutina científica, ¿qué rastro debe quedar en la isla? ¿Cómo planea mantener viva la marca cultural de Eólica durante el resto del año para que no sea solo un fogonazo de dos días de fiesta masiva?
Para mí esta es probablemente una de las preguntas más importantes.
“Si el 18 de octubre desmontamos todo y Eólica desaparece hasta el año siguiente, habremos hecho un festival. Pero no necesariamente habremos construido un proyecto cultural. Eólica tiene que dejar algo en Tenerife”.
Tiene que dejar memoria, conocimiento, relaciones, oportunidades para artistas locales, conversaciones sobre energía y sostenibilidad y, sobre todo, ganas de que esto continúe. Queremos que Eólica tenga actividad más allá de los dos días de festival. La programación paralela, la relación con la ciencia, la cultura, la innovación y la música nos permiten construir una comunidad que no dependa únicamente de un fin de semana.
“No hemos vuelto para hacer una edición homenaje. Pero también sabemos que la continuidad hay que ganársela”.
Y también tenemos una responsabilidad con el territorio. El festival se celebra en Canarias, pero queremos que Canarias esté presente en el festival y que el proyecto revierta en la isla. Eólica vuelve con vocación de permanencia. No hemos vuelto para hacer una edición homenaje. Pero también sabemos que la continuidad hay que ganársela. El 16 y 17 de octubre de 2026 tenemos que demostrar que Eólica sigue teniendo sentido.
Y yo creo que lo más bonito de este regreso es precisamente eso: no estamos intentando recuperar el pasado. Estamos intentando demostrar qué puede ser Eólica durante los próximos veinte años.
Entradas en Entradas.com y en la web oficial eolicafest.es.


