Por la noche ya no salgo yo

El mundo está cambiando y, con él, la forma en que quemamos la noche. Olvidemos las largas filas bajo el frío, el rigor del dress code y el calvario de encontrar un taxi a las cuatro de la mañana. Hoy, la fiesta no tiene dirección física; tiene dirección IP.

Texto: Fernando Fuentes

Hubo un tiempo en que la noche era un lugar peligroso, es decir, un espacio vivo. Uno salía de casa con el pelo engominado y la incertidumbre de no saber en qué cama —o en qué portal— iba a terminar el lunes. Salíamos a buscar algo que no sabíamos qué era, pero que siempre estaba al fondo de una barra, entre el ruido de los vasos rotos y el olor a tabaco frío que se te pegaba al abrigo como un pecado.

“Hoy la fiesta tiene IP, píxeles y se puede disfrutar en pijama”.

Ahora la noche está en transición. Lo dice con la frialdad de los datos, advirtiendo que el ocio se está mudando a la pantalla. Hemos descubierto que se puede estar de fiesta sin pasar frío en la cola de un club, sin que un portero te mire los zapatos con desprecio y sin el drama de mendigar un taxi a las cinco de la mañana. Hoy la fiesta tiene IP, píxeles y se puede disfrutar en pijama.

Dicen los expertos que es por la “flexibilidad” y la “accesibilidad”. Palabras modernas para decir que nos hemos vuelto cómodos o que, quizás, nos da miedo la mirada del otro. Parece que los jóvenes ya no quieren el sudor compartido, prefieren la adrenalina limpia de un videojuego o el simulacro de un concierto en streaming. Es una noche higiénica. Una velada a la carta, sin imprevistos, donde no existe “código de vestimenta” y el único derecho de admisión lo pone tu conexión a fibra óptica.

“La noche sigue viva, pero ahora, se enciende con un clic”.

No es que los clubes vayan a morir, nos dicen para que no lloremos. Es solo que el concepto de “salir” se ha ensanchado tanto que ya no hace falta cruzar el umbral de la puerta de casa. Dicen que se puede brindar con un monitor de por medio, enviando un emoji de una copa en lugar de chocar el cristal.

Está muy bien la tecnología, de verdad. Es cómoda, es barata y es eficiente. Pero me pregunto si dentro de veinte años alguien recordará con nostalgia el día que conoció al amor de su vida a través de un chat de Twitch mientras sonaba un DJ online.

Supongo que la noche sigue viva, pero se está quedando un poco pálida, con esa luz azulada de las pantallas que te ilumina la cara mientras el mundo, ahí fuera, se queda a oscuras.

PD: Que lejos quedó aquello de “Por el día sale el sol y por la noche salgo yo”.

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