Para Paul van Dyk el techno de TikTok es una mierda que no mueve a nadie

El maestro alemán declara la guerra al vacío del algoritmo.

Texto: Fernando Fuentes

La música electrónica siempre ha presumido de mirar fijamente al futuro, devorando vanguardias y transformando la tecnología en su lenguaje natural. Sin embargo, la velocidad obsesiva de los tiempos modernos amenaza con devorarse a sí misma, transmutando el arte de la pista de baile en una mera pesadilla algorítmica. En una de sus reflexiones más crudas y lúcidas hasta la fecha, el pionero del trance, Paul van Dyk, ha alzado la voz para sacudir los cimientos de la escena actual y desmontar lo que él denomina, sin paños calientes, el “techno de TikTok”.

“Van Dyk defiende una verdad inmutable: la electrónica concebida como un viaje emocional”.

Para el veterano DJ y productor berlinés, el actual ecosistema digital está pariendo producciones artificiales, diseñadas exclusivamente para capturar la atención del oyente durante efímeros clips de diez segundos en las redes sociales. “Eso es una mierda y no mueve a nadie”, sentencia con severidad.

Frente al frenesí del ‘scroll’ infinito y los creadores de contenido disfrazados de artistas, Van Dyk defiende una verdad inmutable: la electrónica concebida como un viaje emocional de largo recorrido, una comunión real con la pista que no entiende de modas pasajeras ni de sumisiones al directo del teléfono móvil.

“Identidad artística frente al expolio de la pista de baile”.

Fiel a su trayectoria indómita -esa que le llevó a firmar himnos generacionales y a ignorar deliberadamente las directrices comerciales de la industria-, el maestro alemán recuerda que el factor decisivo para que la música trascienda es la sustancia y la total convicción del creador. No se trata de encajar en el último ‘trending topic’, sino de salvaguardar la independencia creativa.

“El verdadero talento no se mide en visualizaciones virales, sino en la capacidad de reconocer y defender una voz propia frente al ruido digital”.

Lejos de quedarse en la simple pataleta nostálgica del veterano, Van Dyk pasa a la acción con el lanzamiento de su nuevo programa de mentoría. El objetivo no es meramente técnico; busca rescatar a los jóvenes productores del vacío imperante, guiándolos en la forja de una identidad artística a largo plazo. Para el berlinés, el verdadero talento no se mide en visualizaciones virales, sino en la capacidad de reconocer y defender una voz propia frente al ruido digital.

Una lección urgente en estos tiempos donde el clubbing se debate trágicamente entre mantener su alma o convertirse en un decorado impecable pero emocionalmente vacío.

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