Cuando Sven Väth llamó payaso a Argy

La última espantada digital no ha tenido lugar en un despacho de marketing de una multinacional de refrescos. Sino en la ruidosa y siempre volátil arena de Instagram. Sven Väth, ese titán irreductible que lleva más de cuatro décadas custodiando las esencias del techno global desde la trinchera del vinilo, ha roto su habitual flema cibernética. El dardo, disparado en forma de comentario punzante, ha tenido como diana al productor griego Argy.

Texto: Fernando Fuentes

Un escueto pero demoledor  “The worst and biggest clown wannabe DJ” adornado con el emoji de la náusea ha bastado para abrir la caja de los truenos.

“El exabrupto de “Papa Sven” destila una verdad incómoda”.

Más allá del salseo de barra de club, el exabrupto de “Papa Sven” destila una verdad incómoda. Una fractura sangrante que divide a la música de baile contemporánea. El choque frontal entre la mística física del vinilo y el bostezo predecible del algoritmo de Instagram.

“De la cultura de club al teatro del ‘like’“.

Asistimos, no sin cierta melancolía, a una preocupante mutación del oficio. Hubo un tiempo en el que Argy firmaba joyas orgánicas como su EP ‘Unreliable Virgin’ para el propio sello Cocoon de Väth. En ese momento el respeto se ganaba quemándose las pestañas en el estudio.

“La cabina era un templo de penumbra, intuición y sudor; un espacio de resistencia cultural donde el DJ miraba a la pista, no a un objetivo gran angular”-

Hoy, la corriente imperante del melodic techno de masas ha transformado los clubes en platós de televisión. Y las cabinas en pasarelas de moda. Importa más la gesticulación ensayada frente al espejo antes del show. La pose mesiánica ante el clímax de luces estroboscópicas sincronizadas y la dosificación de contenidos para TikTok. Todo ello más que la propia narrativa sonora.

“Es el triunfo del postureo de la era selfie frente a la pureza del surco”.

La música ha pasado de ser el fin absoluto a convertirse en la banda sonora de un publirreportaje de nosotros mismos. Es el triunfo del postureo de la era selfie frente a la pureza del surco.

“Väth encarna una forma de entender el clubbing como un ritual indómito, libre de pantallas y centrado en la comunión física”.

No se trata de la pataleta de un veterano que se niega a aceptar el paso del tiempo. Quienes conocemos el percal sabemos que Väth encarna una forma de entender el clubbing como un ritual indómito. Un lar libre de pantallas y centrado en la comunión física. Ver a un artista convertido en un producto de diseño hipercalculado, donde cada drop parece estructurado para encajar en un reel de quince segundos, produce un bostezo soberano.

“El algoritmo premia la homogeneidad y penaliza el riesgo”.

La salida de tono de Sven Väth es en realidad un grito de guerra en defensa de un oficio que se desangra por culpa de la tiranía estética. Quedarse en la superficie del insulto es no querer ver el verdadero problema. Nos están cambiando el misterio del club por un circo de tres pistas virtuales. Y ante eso, la aguja de los que amamos esto siempre se mantendrá firme y desafiante sobre el vinilo negro.

Amén maestro Sven, amén.

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