El artista internacional y el director creativo convierten una vivienda en plena selva de Bali en un laboratorio de experimentación donde el proceso creativo prima sobre la productividad y la inmediatez
En un mundo dominado por la inmediatez y la producción constante, el artista internacional Antonyo Marest y el reconocido director creativo Javier Gómez presentan “A Slow Art Residency”, un proyecto concebido en febrero de este año que reivindica el placer de crear sin la presión de obtener resultados inmediatos.
La iniciativa nace como una reflexión sobre el impacto que la hiperproducción y el hiperconsumo tienen en los procesos creativos. Frente a esa dinámica, ambos impulsan una residencia artística de dos semanas en la vivienda de Javier Gómez, ubicada en plena selva de Bali, convertida para la ocasión en un espacio de experimentación donde el tiempo, la naturaleza y la convivencia se integran como elementos esenciales del proceso creativo.

Del exceso de estímulos a la pausa creativa
La idea comenzó a gestarse meses antes, durante una conversación entre Antonyo Marest y Javier Gómez, que entonces apenas se conocían. Ambos compartían una misma inquietud: cómo la exigencia de producir de manera constante termina reduciendo los espacios de pausa necesarios para abandonar los automatismos y permitir que aparezcan nuevas ideas y lenguajes.
Lo que empezó como una propuesta para “crear sin la obligación de crear” terminó materializándose en una residencia donde la arquitectura, el entorno natural y la ausencia de prisas generaron un contexto propicio para una creación más libre y orgánica.
“Allí todo va más lento y se siente lejos de la civilización; es una burbuja conceptual”, explica Javier Gómez.
Por su parte, Antonyo Marest destaca que “fue un proceso de dos semanas de brainstorming y convivencia que no solo ha dado fruto en esta residencia, sino también en una serie de nuevos proyectos que verán la luz próximamente”.

Bali como agente creativo
Lejos de actuar únicamente como escenario, Bali se convirtió en un elemento activo del proyecto. Los ritmos de la naturaleza, las texturas de la jungla y la experiencia de habitar ese entorno influyeron directamente en el lenguaje visual de Antonyo Marest, reconocido por el uso del color y las composiciones geométricas en su obra.
Durante la residencia se priorizó la aparente ociosidad frente a los objetivos cerrados, permitiendo que las ideas y las piezas surgieran de forma espontánea, sin responder a plazos ni expectativas predeterminadas.

Una reflexión sobre el tiempo y la creación
Más allá de las obras desarrolladas durante la estancia, “A Slow Art Residency” plantea una reflexión sobre el papel del tiempo en los procesos creativos y cuestiona cómo un cambio de entorno, acompañado de libertad temporal, puede transformar el lenguaje visual de un artista.
El proyecto reivindica la pausa como una herramienta de creación y propone recuperar el valor del proceso frente a la urgencia de producir, situando el tiempo como un componente esencial de la práctica artística contemporánea.



