Celebrar una década de trayectoria manteniendo intacta una identidad periférica, independiente y centrada en la vanguardia sonora es un hito que ENSOLAB afronta con orgullo y responsabilidad. Llegar a su décima edición en este año 2026 no es solo un ejercicio de resistencia cultural, sino el resultado de un compromiso compartido por la comunidad electrónica y con el Centro Cultural Las Cigarreras.
A través de esta entrevista compartimos de forma coral, por parte de la dirección del festival alicantino, las reflexiones, aprendizajes, diagnósticos y principios que guían el presente y el futuro del universo ENSOLAB.
Texto: Fernando Fuentes
– ENSOLab, llegar a una décima edición manteniendo intacto un espíritu estrictamente independiente y periférico no es habitual en el circuito nacional. Cuando miras atrás, ¿sientes que ENSOLAB ha domesticado al público alicantino o que la gente ha terminado por exigiros un listón de exquisitez sonora cada vez más alto?
Creemos que se trata de una retroalimentación mutua. Contamos con un público fiel y dotado de un gran criterio, que no solo acude, sino que disfruta profundamente del festival. Nuestro objetivo cada año es intentar no frustrar las expectativas de esa comunidad, buscando de manera constante nuevas propuestas y voces que la alimenten. Esta dinámica nos permite —y a la vez nos obliga— a estudiar, investigar y descubrir constantemente nuevos proyectos, que, en el fondo, es el motor que más nos apasiona.
– La inauguración con José Manuel Berenguer no es solo un homenaje, sino un puente directo con la primera edición. En un panorama obsesionado con la novedad efímera y el algoritmo, ¿qué mensaje político y estético lanza ENSOLAB al reivindicar la vigencia de la improvisación electroacústica institucional en pleno 2026?
José Manuel Berenguer es una institución en sí misma y un artista de una generosidad inmensa. En su momento, no dudó en respaldar la primera edición de ENSOLAB, a pesar de que el festival carecía de recorrido y no sabíamos cómo iba a continuar la iniciativa. Diez años después, sentíamos la obligación de pedirle que volviera como un sincero homenaje y reconocimiento a su figura y a su trayectoria.

“Por otro lado, consideramos que una parte fundamental de nuestra labor de comisariado consiste en visibilizar artistas y proyectos que consideramos imprescindibles para el desarrollo de la música experimental en España”.
Hay voces históricas que siguen plenamente activas y que es capital tener presentes, porque constituyen el origen y el desarrollo de todo este movimiento. Es esa convicción la que nos impulsa a programar a figuras como el propio Berenguer, Esplendor Geométrico, el proyecto Monochrome de Óscar Mulero o el intento de traer a Fase Nuova. En este sentido, nos importan muy poco la novedad efímera y las lógicas del algoritmo; lo sentimos sinceramente por ellos.
– Esta edición recupera a artistas que ya pasaron por el festival pero que regresan mutados, bajo nuevas identidades o proyectos, como Kosu Nes (Huma) o Azael Ferrer en BROMO. ¿Es esto una declaración de intenciones sobre cómo debe mutar un creador para no quedar atrapado en su propio cliché analógico?
En realidad, esta tendencia a la transformación no tiene tanto que ver con nuestras directrices como con ellos mismos. Se trata de algo que sucede de manera habitual y orgánica en el campo de la electrónica experimental. Nos encontramos con creadores y creadoras con diferentes capacidades, intereses y, sobre todo, con unas inquietudes constantes que les obligan a proponer una idea detrás de otra.
“De ahí nacen las nuevas identidades, las alianzas inéditas y las propuestas mutadas”.
Son ellos y ellas quienes se transforman, aparecen y desaparecen; a nosotros nos parece un fenómeno maravilloso, muy propio de este contexto, y nos sentimos plenamente cómodos albergando y respaldando todas esas hibridaciones y alteraciones artísticas.
– El Secadero se estrena como tercer escenario para albergar las maravillosas Rare Sessions. En una época donde la pista de baile a menudo exige dinámicas predecibles y funcionales, ¿cómo se gestiona el riesgo de ofrecer sesiones que rompen deliberadamente con el patrón del club tradicional?
Gestionamos ese riesgo con la misma ilusión y ganas con las que empujamos todo el festival. La mayoría de los miembros de nuestro equipo hemos pasado, de una forma u otra, por la industria del club, y conocemos de primera mano tanto sus debilidades como, sobre todo, sus miserias.

“Por ello, concebimos las Rare Sessions como un territorio que busca alejarse por completo de ese entorno convencional para crear uno nuevo”.
Queremos ofrecer un espacio seguro para el artista, donde los DJs dispongan de libertad absoluta para desarrollar su propuesta sin verse condicionados por las exigencias de horarios, tiempos, venta de bebidas o venta de entradas. Lo que más nos interesa es proteger esa libertad; si el resultado técnico o de afluencia sale mejor o peor, para nosotros pasa a ser algo secundario.
– Recibir 182 propuestas para la convocatoria pública demuestra que hay una masa crítica de creadores buscando espacios. Más allá del proyecto seleccionado (Orden y Caos de Alpha Decay + Luisa Madrid), ¿qué radiografía o diagnóstico has podido hacer de la salud (o de las carencias) de la producción electrónica actual tras examinar ese volumen de material?
Lo primero es que recibir tal cantidad de propuestas supuso una enorme y grata sorpresa para todo el equipo. Como anécdota, es cierto que detectamos la existencia de “profesionales de las convocatorias” que tienen su dosier siempre preparado y lo envían de manera automatizada a cualquier certamen, sin reparar demasiado en si la propuesta es para ir a Roma o para ir a Calatayud.
“El diagnóstico real es que hay una cantidad alucinante de gente produciendo y haciendo cosas de una calidad excepcional y con un interés altísimo, a veces trabajando con muy pocos medios”.
Es muy gratificante constatar el volumen de propuestas valiosas que van encontrando sus propios espacios y salidas en el circuito. Aunque muchas no encajaban en la línea editorial específica de ENSOLAB, revisar y estudiar todo este material ha supuesto un aprendizaje extraordinario y una radiografía inmejorable del excelente momento en el que nos encontramos. Hay mucho y muy bueno; esa es nuestra conclusión principal.

– El directo de BROMO aborda las implicaciones éticas de la edición genética (CRISPR) a través del arte generativo. ¿Debe la electrónica experimental contemporánea volver a ser un vehículo de fricción social e intelectual, en lugar de limitarse al escapismo tecnológico y al coleccionismo de parches de síntesis modular?
Propuestas como la de BROMO son de esas que, como bien señalas, interpelan directamente al espectador en el plano social y político. Son proyectos que van mucho más allá de la simple puesta en escena o del disfrute efímero del momento.
“No consideramos que las propuestas tengan más o menos valor exclusivamente por estar más o menos vinculadas a reflexiones intelectuales, pero sí entendemos que la música es un reflejo del momento de agitación y debate en el que vivimos”.
Por ello, vemos necesario trasladar este tipo de contenidos a los escenarios, a los clubes y a las pistas de baile. Aunque esto pueda ser más que discutible para algunos, para nosotros la música electrónica posee un principio y un fin político claro, se asuma de forma explícita o no. La Ruta del Bakalao, por ejemplo, fue una utopía social juvenil que se extendió durante diez años y eso, nos guste o no, constituyó un acto político de emancipación colectiva.
– Mantener las masterclasses vespertinas gratuitas como pilar del festival desde los inicios demuestra un empeño pedagógico firme. En un momento donde los tutoriales en internet lo inundan todo, ¿qué aporta el intercambio físico de conocimiento en la Caja Negra antes de que el artista suba al escenario?
Para nosotros aporta muchísimo. Somos conscientes de que la democratización del conocimiento que permite internet es un pilar básico para el autoaprendizaje, la música y la cultura en general, y para la electrónica en particular. Sin embargo, el directo y la presencialidad consiguen una capacidad de atención y concentración que el diferido digital es incapaz de replicar.

“Somos conscientes de que la democratización del conocimiento que permite internet es un pilar básico para el autoaprendizaje, la música y la cultura en general, y para la electrónica en particular”.
A esto se suma la riqueza de la interacción directa: la oportunidad de que el público pueda preguntar de forma concreta y, lo que es más emocionante, acercarse a ver qué aparatos, qué conexiones y qué recursos utiliza cada artista para conseguir sonar como suena. Una pregunta tan simple e inocente como “¿Y esto qué es?” puede darle la vuelta a toda tu infraestructura de trabajo y transformar lo que pensabas que sabías. Ese intercambio físico de conocimiento no tiene precio.
– El electro de White Solar Dog aporta una narrativa de ciencia ficción y estructuras rítmicas que contrastan con la abstracción del resto del cartel. ¿Cómo equilibra el festival la delgada línea entre el purismo de la escucha atenta y la fisicidad del ritmo bailable sin desvirtuar su discurso?
En este sentido, en la configuración del cartel siempre hemos optado por ser bastante eclécticos, moviéndonos más por intuición que por estrategias rígidas.
“Nuestro interés primordial radica en las propuestas y en los proyectos en sí mismos; eso es lo primero”.
Una vez seleccionados, trabajamos en su organización para intentar que se despliegue una narrativa con cierta coherencia entre ellos; pero si en algún punto no la tienen del todo, no nos preocupa en exceso. Como ocurre en cualquier festival, hay propuestas que te interesan y conectan más con unos aspectos que con otros, y nos movemos siempre con la total libertad de asumir ese eclecticismo.
– La identidad gráfica de este año, a cargo de @cyberchulo, y la colaboración textil con La Llavor Artística demuestran un arraigo con el tejido de barrio en Alicante. ¿Es el soporte comunitario local el verdadero blindaje que ha permitido a un festival de nicho sobrevivir diez ediciones al margen de las lógicas de los macrofestivales turísticos?
Pues seguramente sí, pero no de forma exclusiva. Ese soporte comunitario local se vertebra y se apoya, en nuestro caso, en una infraestructura cultural pública fundamental como es el Centro Cultural Las Cigarreras.
“El equipo humano y el trabajo incansable de Las Cigarreras han sido el motor definitivo para crear y cohesionar ese tejido cultural local que, aunque antes existía, se encontraba muy disperso y atomizado”.
Su labor diaria es la que proporciona el verdadero blindaje y estabilidad a un proyecto de nicho como el nuestro.
– Cerramos el balance de esta década. Si tuvieras que aislar un solo error del que hayan aprendido y un acierto irrenunciable que defina la filosofía de ENSOLAB desde su nacimiento hasta hoy, ¿con cuáles te quedarías?
Nuestro error, posiblemente, haya sido pecar de ingenuos en ciertos momentos. Pensar que artistas con una trayectoria y un nombre ya consolidados en la industria iban a comprender perfectamente la filosofía de ENSOLAB y estarían dispuestos a participar con un caché alejado del que reciben habitualmente en los macrofestivales.
“Esto no es porque su trabajo valga menos, sino por el valor de entender que existen otros espacios, otras formas de hacer las cosas y otras maneras de compartir la música y el conocimiento con el público”.
A veces asumíamos que determinados artistas, que seguramente también comenzaron en espacios pequeños, independientes y con recursos limitados, tendrían una sensibilidad especial hacia proyectos como el nuestro. Hemos aprendido que no siempre es así; es una postura totalmente legítima, por supuesto, pero nos ha servido para entender que los nombres grandes no siempre son los que mejor encajan en la idiosincrasia de ENSOLAB.
“Y nuestro acierto irrenunciable, sin duda, ha sido mantenernos estrictamente fieles a los motivos que nos llevaron a poner en marcha este proyecto desde el primer día”.
No dejarnos arrastrar por las modas, por las exigencias cuantitativas de las cifras o por la necesidad imperiosa de crecer. Seguimos apostando firmemente por las propuestas que nos interesan, por creadores que entienden y comparten nuestra filosofía y por un formato cercano donde público y artistas puedan encontrarse sin demasiadas barreras. Diez años después, tenemos claro que nuestro mayor acierto ha sido entender que ENSOLAB no necesita hacerse más grande para seguir creciendo.
“Diez años después, tenemos claro que nuestro mayor acierto ha sido entender que ENSOLAB no necesita hacerse más grande para seguir creciendo”.

– Finalmente ENSOLAB, ¿qué nos puedes adelantar ya de ENSOLAB XI?
Como ocurre cada año en el circuito independiente, nunca tenemos la certeza absoluta de que podamos sacarlo adelante. Sin embargo, sabemos que lo haremos. Además de esa buena noticia, de cara al próximo año esperamos poder cerrar la contratación de un artista internacional que responda a nuestra línea de comisariado: rescatar y traer al presente voces fundamentales de la electrónica de vanguardia que continúan activas y cuyo legado consideramos imprescindible para la vertiente sonora que nos define. Esperamos de corazón poder conseguirlo.


