Danny Leblack & Juli De Alonso: la madurez del Tech House nacional

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En una escena donde las tendencias cambian a la velocidad de un scroll, encontrar artistas que siguen construyendo música desde la experiencia de la pista resulta cada vez más valioso. Danny Leblack y Juli De Alonso pertenecen a esa generación de productores que entiende el club desde dentro: primero como DJs y después como creadores.

Su nueva colaboración, Bang Bang, supone la referencia NUTZ047 de Crazy Nutz Music, un sello que en los últimos años ha ido consolidando una identidad muy clara alrededor del Tech House y el Minimal Deep Tech. El lanzamiento reúne tres cortes que comparten una misma filosofía: bajos protagonistas, groove constante y producciones pensadas para funcionar donde realmente importa, la pista de baile.

El track principal llega respaldado por una sólida campaña de promoción privada, despertando el interés de nombres como Joseph Capriati, Paco Osuna, Dennis Cruz, Shiba San, Danny Avila, A-Trak o Manda Moor, una señal de que el EP ya circula entre algunas de las cabinas más importantes del circuito internacional antes incluso de su publicación oficial.

Pero más allá del lanzamiento, Bang Bang representa la evolución de una colaboración que se ha ido fortaleciendo con el tiempo. Lejos de competir entre sí, Danny Leblack y Juli De Alonso han construido una forma de trabajar basada en la confianza, el intercambio de ideas y una visión compartida sobre cómo debe sonar el club en 2026.

Con motivo de este nuevo lanzamiento, en Vicious Magazine hablamos con ambos productores sobre su proceso creativo, la evolución de su alianza, el papel de Crazy Nutz Music dentro de su crecimiento y el futuro de una escena que sigue buscando el equilibrio entre tecnología, personalidad y autenticidad.

Vuestra relación musical no nace con este track, sino que viene de lejos. ¿Cómo empezó todo? ¿Cuál es el recuerdo más divertido o anecdótico de vuestro primer encuentro en el estudio que terminó de confirmar que esto iba a ser una alianza a largo plazo?

Danny Leblack: Como nacen todas las cosas buenas en esta vida: de la forma más natural. Nos juntamos un día en un evento, nos pusimos a hablar de todo un poco —de música, de la vida, de nuestras movidas— y la chispa saltó sola. Nos dimos cuenta enseguida de que estábamos en una sintonía brutal en cuanto a línea musical e ideas para crear. Más que una anécdota loca, lo que recuerdo de ese primer encuentro fue la sintonía inmediata al ponernos a producir. Buscábamos exactamente lo mismo: un sonido muy groovero, fresco y, por encima de todo, divertido para la pista.

Juli De Alonso: Para mí había un componente muy especial, porque Dani es una persona a la que siempre he admirado muchísimo, tanto por su impecable trayectoria como por su enorme calidad humana. Cuando por fin nos encerramos en el estudio, me sorprendió la naturalidad con la que fluyó todo; desapareció cualquier barrera. Lo más divertido fue ver cómo una sesión que en principio iba a ser una simple toma de contacto de un par de horas, se convirtió en un maratón ininterrumpido. Nos pusimos a cambiar direcciones en los tracks, a charlar de música y de la vida, y se nos pasó el tiempo volando. Terminamos el día sabiendo que esto no iba a ser una colaboración de una sola noche. Y el tiempo, tras cuatro trabajos juntos, nos ha dado la razón.

A menudo se habla de la importancia de la química, pero detrás de cada gran track hay un proceso de trabajo constante. ¿Cómo ha evolucionado vuestra forma de colaborar desde la primera vez que os encerrasteis juntos hasta hoy?

Danny Leblack: Al final, la evolución ha sido adaptarnos de forma inteligente a nuestras realidades. Vivimos a 500 kilómetros el uno del otro, pero gracias a la tecnología actual no nos hace falta estar físicamente en la misma habitación para que la magia ocurra. Hemos aprendido a trabajar a distancia con una precisión milimétrica, pasándonos los proyectos, aportando cada uno lo suyo y, oye… ¡parece que la fórmula no está saliendo nada mal! (Risas).

Juli De Alonso: La química es el motor, pero el trabajo constante es lo que marca la diferencia. Al principio, lógicamente, dedicábamos tiempo a entender los procesos y metodologías del otro. Dani tiene una experiencia enorme y yo aporto mi propia visión. Con los años, todo se ha vuelto súper fluido; ya casi no tenemos que explicarnos las decisiones porque conocemos perfectamente los gustos y referencias del otro. Hemos aprendido a confiar ciegamente en el criterio mutuo. Aquí nadie intenta imponer su ego; solo buscamos que el track sea mejor que la suma de nuestras partes.

Tras varias colaboraciones a vuestras espaldas, la influencia mutua es inevitable. ¿Cuál ha sido ese aprendizaje clave —una manía, una perspectiva o simplemente un hábito— que habéis “robado” del otro y que ahora consideráis fundamental en vuestro flujo de trabajo?

Danny Leblack: El mayor aprendizaje que yo me llevo es la certeza de que la unión hace la fuerza. Trabajar con Juli te demuestra que sumar una mente creativa más al proyecto multiplica las ideas y duplica la potencia del marketing. Al final del día, estar abierto al talento de tu compañero hace que te vayas contagiando y aprendiendo constantemente de todas sus cosas buenas.

Juli De Alonso: Yo de Dani he “robado” su increíble capacidad para analizar una producción con perspectiva y no precipitarse. Con la experiencia que tiene, sabe identificar al segundo cuándo un tema necesita seguir madurando y cuándo ya está listo. En el estudio es facilísimo obsesionarse con microdetalles o saturar el espectro metiendo capas por ansiedad. De Dani he aprendido a tener paciencia, a escuchar con calma y a recordar que, muchas veces en la música de club, menos es más.

Es en ese flujo de trabajo donde el sello cobra protagonismo. Toda casa discográfica tiene un ADN único. ¿Qué encontráis en la filosofía de Crazy Nutz Music que resuena con vuestra visión artística y personal?

Danny Leblack: En mi caso, me siento súper identificado con la línea musical que defienden, encaja como un guante con mi sonido. Pero es que además, dejando de lado lo estrictamente musical, me quito el sombrero con su forma de trabajar los lanzamientos. Todo el marketing que despliegan, el soporte tan bestia que consiguen de los artistas más importantes del género y las ganas tan reales que demuestran por seguir creciendo en la escena internacional es algo que te motiva muchísimo como productor.

Juli De Alonso: Crazy Nutz va mucho más allá de ser una plataforma para editar música. Detrás hay un equipo serio, con una visión clara y una apuesta real por construir un catálogo con identidad y reputación, huyendo de las modas pasajeras. Aunque es un sello joven, su velocidad de crecimiento es impresionante porque combinan pasión con estrategia. Hoy en día hacer un buen track es solo la mitad del trabajo; necesitas un equipo con visión internacional capaz de posicionarlo y hacerlo llegar a los DJs adecuados, y ellos lo bordan. Nos enorgullece crecer de la mano de un sello que comparte nuestros valores de trabajo y constancia.

Vuestra trayectoria individual os ha dado una visión privilegiada del mercado, y cada colaboración juntos es un nuevo paso adelante. En un momento de tantos cambios tecnológicos y estilísticos, ¿hacia dónde creéis que debería mirar la escena para seguir sorprendiendo?

Danny Leblack: La escena actual va a una velocidad endiablada, scroll arriba, scroll abajo, y eso hace que broten estilos y “pseudo estilos” casi cada semana. Para mí, lo más importante es mantener los pies en la tierra: estar al día de lo que llega, pero asegurándote de disfrutar y sentirte cómodo con lo que produces en el estudio. A mí personalmente me da igual la etiqueta que le pongan; mis producciones siempre tienen que llevar buenos drums y mucho groove. A partir de ahí, me divierte moverme en un abanico muy variado, desde el House más puro hasta el Techno.

Juli De Alonso: Coincido con Dani. La tecnología ha democratizado la producción, lo cual es genial, pero el reto ahora es no sonar clonado. La escena debería mirar menos a las tendencias de usar y tirar y enfocarse más en la personalidad artística y en transmitir algo auténtico. Tanto Dani como yo venimos de una mentalidad de DJ de la vieja escuela. Aprendimos primero a leer la pista y a construir una sesión desde la cabina, y luego llevamos esa verdad del club al estudio. Para nosotros, producir es una extensión natural del baile. El secreto para seguir sorprendiendo en el futuro no estará en el último software que salga al mercado, sino en la emoción humana y la verdad que le metas a cada proyecto.

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