Ibiza, el verano que no existió

Si echáramos la vista hacia atrás, tan solo un año, hoy mismo nos encontraríamos inmersos en la vorágine de los closings de Ibiza. Un momento clave de la temporada, el último arreón antes de echar el candado y dar por finiquitado el periodo estival ibicenco. La atmósfera de los closings de Ibiza es muy especial, en torno a ellos se reúnen un gran número de trabajadores del sector y clubbers con pedigrí, construyendo una energía muy diferente a la que se consigue con los turistas comunes. Lamentablemente este verano los cierres de los clubs más importantes del mundo no se celebrarán, porque como todos sabéis sus puertas nunca llegaron a abrir. Los trasatlánticos clubbing han permanecido todo el verano amarrados a puerto, esperando una señal de esperanza que les permitiera ponerse en marcha. Pero ese rayo de luz ha sido una ilusión, un sueño etéreo e inconsistente. Resignados a su suerte resisten atrincherados en la esperanza de volver a la vida en 2021, cruzando los dedos para que sus propietarios resistan el duro golpe económico que van a recibir. 

El peso del clubbing en Ibiza es innegable. No solo por la cantidad de puestos de trabajo directos e indirectos que genera, también por la influencia que tiene en la industria electrónica mundial,convirtiendo a la isla en punto de peregrinaje para miles de personas.

Lo que ha conseguido Ibiza es muy difícil que se vuelva a repetir. Que un estilo musical haya cambiado la historia de una isla convirtiéndola en uno de los destinos más prósperos y solicitados del mundo, es algo que no volveremos a ver. El concepto Ibiza ha logrado arraigarse de tal manera en el subconsciente colectivo, que en términos de imagen y de fidelidad esta pandemia será incapaz de hacer que la isla bese la lona. Porque para miles de jóvenes Ibiza es una utopía, un destino venerado y ensoñado, uno de esos lugares especiales que hay que visitar al menos una vez en la vida. Aunque la marca Ibiza siga fuerte, es una realidad que los trabajadores que viven de la escena electrónica, no sobrevivirán a otro verano como éste. Son ellos y no otros, los grandes perjudicados por esta crisis. 

Los grandes clubs de Ibiza trabajan ya con la hipótesis de programar sus openings para mediados de 2021, de poder desarrollar la temporada sin sobresaltos y de llevar a cabo sus closings con la llegada del otoño. Los artistas y fiestas contratadas para este 2020 repetirán en 2021, pero su energía será totalmente diferente. Si las previsiones de vacunación se cumplen y en la mitad del año que viene podemos retornar a una actividad normalizada, las fiestas y las sesiones que vamos a escuchar van a ser épicas.

La energía contenida, la frustración, la rabia por no poder abrazarnos ni bailar bien pegados, toda esa mierda que hemos tragado durante meses explotará de una forma maravillosa e inundará la pista de baile con un torrente de felicidad nunca antes visto.

Dentro de muchos años, cuando se haga un repaso exhaustivo de la historia clubbing Ibiza, la temporada 2020 será recordada como la del verano que no existió, la del verano en el que un silencio aterrador se coló en nuestras vidas. Pese a que en estos momentos es complicado mirar al futuro con un enfoque optimista, debemos trabajar en no caer en una depresión que nos incapacite para seguir mirando hacia adelante.

Tradicionalmente cuando finalizaban los closings de Ibiza, la melancolía entraba en escena. Pero no duraba mucho, en seguida la chispa de la esperanza resurgía, festejando que cada día que pasaba era un día menos que quedaba para poder regresar a Ibiza. Esa es la actitud que debemos abrazar, la que nos empuja a pensar que ya queda un día menos para encontrarnos bailando dichosos en una pista de baile. Y cuando ese día llegue.., más vale que estés preparado.

Jonatan Gutiérrez Fernández      

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