Wilkinson: la melodía que incendió el drum & bass llega a Granada con Raveart

Este mes, de la mano de Raveart, Granada se prepara para Winter Festival 2026, que tendrá lugar el próximo 14 de marzo en el Complejo Embrujo. Allí, uno de los nombres que redefinieron el ADN melódico del DnB en la década de 2010 hará vibrar a más de 10.000 personas con un directo que no entiende de medias tintas. Y no hablamos de nostalgia rave: hablamos de presente, de contundencia emocional y de energía desbordante.

Hay artistas que pinchan. Hay productores que encadenan hits. Y luego está Wilkinson: el arquitecto de un drum & bass que aprendió a abrazar la épica sin perder músculo.

El hombre detrás del subidón

Mark Wilkinson no solo entendió el poder del drop. Entendió el poder de la canción.

En un género históricamente dominado por la técnica y la velocidad, decidió añadir corazón. Cuando en 2013 lanzó Afterglow junto a Becky Hill, el drum & bass irrumpió en el Top 10 británico sin pedir perdón. No fue solo un hit de club: fue un himno generacional.

Desde RAM Records —sello fundamental en la historia del género— ha construido una discografía que equilibra emoción y devastación sonora.

Su debut, Lazers Not Included, marcó territorio. Más tarde, con Hypnotic, confirmó que lo suyo no era una casualidad viral, sino una visión estética sólida: bajos afilados, hooks vocales y una producción que suena a estadio sin perder pegada underground.

El equilibrio perfecto: melodía vs. impacto

Wilkinson pertenece a esa generación que entendió que el drum & bass podía evolucionar sin diluirse.

Ha colaborado con nombres como Sub Focus —especialmente en el proyecto Portals— y ha cruzado fronteras estilísticas trabajando con Wretch 32 o remezclando a Ed Sheeran.

Pero lo que realmente diferencia a Wilkinson es su narrativa en cabina. Sus sets no son una sucesión de bangers; son una escalada cuidadosamente diseñada hacia el clímax.

Granada: noche de alto voltaje

Cuando un artista galardonado en los National Drum & Bass Awards aterriza en una ciudad como Granada, el mensaje es claro: la escena electrónica andaluza juega en primera división.

Los directos de Wilkinson son energía pura: visuales impactantes, transiciones afiladas y una conexión con el público que convierte cada breakdown en un ritual colectivo. No es casualidad que haya incendiado escenarios en macrofestivales internacionales; su sonido está pensado para grandes espacios y grandes emociones.

La pregunta no es si sonará “Afterglow”.
La pregunta es cuánto tiempo tardará el público en corearla antes de que caiga el drop.

Más que un DJ, un punto de inflexión

En una era en la que el drum & bass vive un nuevo auge global, Wilkinson sigue siendo una figura central. No como recuerdo de una época dorada, sino como motor activo de la evolución del género.

Granada no recibe solo a un headliner.
Recibe a uno de los nombres que ayudaron a que el DnB volviera a sonar en radios mainstream, en festivales masivos y en playlists globales sin perder su identidad rave.

Y cuando las luces se apaguen y el primer build-up empiece a crecer, habrá un instante suspendido —ese segundo antes del drop— en el que toda la sala sabrá que está ante alguien que entiende el poder exacto de la tensión.

Ese momento tiene nombre.

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